Emprendimiento en Latinoamérica: Más allá de los Ecosistemas

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Hoy nuestro país, al igual que una buena parte de el resto de Latinoamérica vive lo que se ha denominado un “Boom del emprendimiento”.

La interacción entre diversos organismos estatales, iniciativas privadas y otras surgidas al alero de instituciones de educación superior ha dado pie a la conformación de ecosistemas de apoyo al desarrollo del emprendimiento y a la innovación, que se han traducido en un incremento en el volumen de creación de empresas y en el desarrollo de proyectos innovadores en diversos puntos de nuestro continente.

Lamentablemente este crecimiento en la tasas de creación y desarrollo de emprendimientos no ha ido de la mano con un aumento en las tasas de éxito (sustentabilidad y escalabilidad) de los mismos.

Hoy, en términos generales, se puede señalar que cerca de un 80% de los emprendimientos que se inician cada año, no permanencen en su mercado al cabo de doce meses y otro 10% al cabo de 5 años.

Es decir, sólo 1 de cada 10 nuevos emprendimientos tendría la capacidad de, al menos, mantenerse en el mediano plazo.

Las razones detrás de este fenómeno son variadas, las principales derivan de la incapacidad financiera de sostener el proyecto en el tiempo, las que a su vez se originan en la incapacidad de cumplir con las expectativas de venta derivadas de una falta de clientes. Esta a su vez, es el resultado, muchas veces, de hipótesis mal formuladas, incomprensión de los efectivos requerimientos de los clientes potenciales, mal diseño de la propuesta de valor, falta de validación de prototipos,  mala formulación del modelo de negocios, enamoramiento de la idea, etc.

Todos esos factores, en gran medida, podrían haber sido detectados y corregidos en las etapas iniciales de la formulación del proyecto, si los emprendedores hubieran podido tener acceso a asesoramiento experto, información relevante y conocimientos específicos, todos los cuales, en los análisis ex-post de sus respectivos fracasos, aparecen regularmente como carencias notables en cada una de las distintas etapas de su desarrollo.

Si bien, se puede describir una curva de aprendizaje positiva para muchos emprendedores, a partir de sus fracasos iniciales, los recursos y oportunidades disponibles para el emprendimiento en nuestro continente son significativamente inferiores a los del primer mundo, donde la lógica de emprender-fracasar y nuevamente emprender hasta dar con un proyecto exitoso, resulta, además de económicamente factible, culturalmente aceptada y validada.

Por lo mismo, en esta parte del mundo requerimos, además de ecosistemas de incentivo y promoción, generar estructuras de apoyo y seguimiento que tengan como objetivo único reducir las tasas de fracaso de los nuevos emprendimientos y/o proyectos de innovación.

Por otra parte, hoy, en nuestros mercados  existen una serie de instancias que aspiran a constituirse en estructuras de apoyo para el ejercicio del emprendimiento y la innovación.

Desde instancia académicas formales (Diplomados y Magíster en innovación y emprendimiento), talleres formativos dictados por instituciones públicas y privadas, tanto gratuitos como mediante pago, asociaciones gremiales de emprendedores y de Pymes, concursos públicos para acceso a financiamiento, incubadoras y aceleradoras de proyectos, etc., todas ellas abordan la problemática desde su particular óptica y con un foco casi exclusivo en su propio objetivo final.

Objetivos que van desde la formación y/o capacitación de profesionales, fomento de la actividad emprendedora, resguardo de los capitales invertidos, generación de nuevas instancias para la movilidad social, etc.

Aparte de lo anterior, se encuentran naturalmente disponibles, una serie de contenidos formales en libros, videos, artículos, blogs, etc. que entregan tips, cápsulas de conocimiento, modelos o fórmulas a seguir, etc., que si bien ofrecen herramientas que, bien utilizadas, pueden constituirse en un aporte, se establecen lógicamente desde una estructura de comunicación unidireccional (de emisor a audiencia) con imposibilidad de generar interacción o interlocución.

Todas las soluciones antes señaladas pueden apuntar a ser una contribución eventual en el éxito del emprendedor pero, muchas veces, resultan o demasiado teóricas y estructuradas sobre conocimientos generales (programas académicos), demasiado parciales y sin posibilidad de seguimiento (talleres y seminarios), carentes de posibilidades de interacción y acompañamiento en el proceso (videos, libros y blogs) u orientadas principalmente al resguardo del capital invertido (incubadoras y aceleradoras).

Nuestro continente aun espera el desarrollo de plataformas colaborativas e interactivas que hagan del emprender, un ejercicio asistido por manos y mentes expertas, las que permitan no sólo brindar apoyo al emprendedor en las diversas fases de desarrollo o implementación de su proyecto, sino entregar herramientas, conocimientos y experiencias orientadas específicamente a reducir de forma significativa, las tasas de fracaso de sus iniciativas.

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