Emprendedores: ¡A bajarse del pony!

por | 17 abril, 2018

Ni Elon Musk, ni Steve Jobs, ni Jeff Bezos, ni Richard Branson lograron lo que lograron, leyendo frases motivacionales truchas atribuidas a Elon Musk, Steve Jobs, Jeff Bezos o Richard Branson.

Muchos artículos se han escrito en los últimos años que intentan explicar el fracaso de cientos de emprendimientos en nuestro país y en el mundo. Que las dificultades en el acceso a financiamiento, que la imposibilidad de llegar a desarrollar un modelo de negocios escalable, que la falta de acceso a los canales de distribución, que eran soluciones para problemas inexistentes, etc. La gran mayoría de ellas, ciertas, la verdad. Pero insuficientes.

Por lo mismo, quisiera detenerme en otra, tan gravitante como las anteriores, pero que no se asocia directamente al emprendimiento en cuestión, sino que, lamentablemente, aplica a los emprendedores en su propia individualidad y que por lo mismo, al no estar vinculada al negocio en particular, de no modificarse permitiría incluso, proyectar nuevos y reiterados fracasos para dicho emprendedor.

Me refiero, al abuso en el consumo de lo que debería, ya a esta altura, reconocerse en el mundo del emprendimiento como sustancias ilícitas: Las citas motivacionales o frases de autoayuda, que en su gran mayoría, además de que su autoría atribuida es falsa, carecen de todo fundamento técnico, conceptual o incluso lógico.

Algunas de las peores:

“Ser un emprendedor es vivir unos pocos años de tu vida como nadie quiere, de tal forma que puedes disfrutar del resto de tu vida como nadie puede”.

“Cuando todo parezca ir en tu contra, recuerda que el avión despega contra el viento”.

“No te avergüences por tus fracasos, aprende de ellos y comienza de nuevo”.

“La pasión es el motor del emprendimiento”

Y para el final, la peor de todas:

“Si no trabajas por tus sueños, pronto estarás trabajando por el sueño de otros”.

Podríamos seguir casi eternamente, en general, todos las conocen. No detallo el autor atribuido a cada una, porque, tal como decía, en la gran mayoría de los casos, no corresponden a la realidad.

¿Cuál es el problema con estas frases o citas? -Ninguno- pensarán muchos. ¿Qué daño puede haber en buscar motivación o en auto-motivarse, como forma de apoyo, para el ejercicio de una actividad tan compleja y/o riesgosa como emprender?

Pero eso no es tan así: En general (y de manera muy sintética), emprender es un proceso que consiste de tres etapas. Uno, descubrir una oportunidad de negocio en un mercado, representada en una necesidad insatisfecha o en un problema no resuelto para un segmento relevante de potenciales consumidores. Dos, desarrollar una solución que de respuesta o satisfacción a ese problema o necesidad y que entregue una propuesta de valor que le permita distinguirse y diferenciarse de las alternativas de solución ya disponibles en el mismo mercado y tres, transformar ese proyecto o idea de solución en un negocio.

El problema es que en una importante mayoría de los candidatos a emprendedores se ha construido la percepción de que lo más importante para realizar esa transformación (de la idea al negocio) sería el esfuerzo, sacrificio y pasión puestos en el proceso.

Habitualmente, ese esfuerzo y pasión puestos en el ejercicio del emprendimiento propio, se traducen, en un voluntarismo casi irracional que impide poder tomar distancia del proyecto y analizarlo fría y críticamente. Este voluntarismo, reforzado por todas estas frases de autoayuda y supuestas citas de gurús que abundan en internet, es en gran medida responsable de la persistencia de muchísimos emprendedores en la ejecución de proyectos que no tienen ningún destino.

En ese contexto, aunque suene crudo, hay que señalar que más del 50% de los emprendimientos que fracasan son proyectos que, al no haber respondido en verdad, a un problema relevante para un segmento, NUNCA debieron haber salido al mercado. Pero claro, como el problema no es el análisis y comprensión efectiva de las reales necesidades o problemas de los potenciales clientes, ni tampoco, el análisis detallado de las propuestas de valor de los actuales competidores, para de esa forma desarrollar una propia, que represente claramente una serie de atributos diferenciadores, ni menos, el desarrollo de un modelo de negocio que genere rentabilidad y escalabilidad en el tiempo. El problema es cuánta energía y pasión pongo en el proceso.

Así, insuflados de citas de autoayuda y subidos al pony de una supuesta superioridad moral, que los coloca, según ellos, muy por sobre aquellos que han decidido dedicar su vida profesional a trabajar como empleados, se lanzan a emprender, sin comprender todavía, que esto no se trata de correr una maratón o subir el Everest (a todos les encantan las analogías con montañas) donde, efectivamente, la pasión y el esfuerzo son el 50% del problema. Acá, ciertamente, son un elemento relevante (lógico, si vas a hacer algo difícil y riesgoso, es mejor hacerlo con interés y motivación), pero que están lejos de ser el más importante. Si no, pregúntenle a todos aquellos que han fracasado en sus emprendimientos (la grandísima mayoría de los emprendedores). El 90% de ellos pusieron todo su esfuerzo y pasión en éstos.

Alejandro Godoy es Gerente General de KHREA www.khrea.com

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