Think Positive.

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Uno de los grandes desafíos entre quienes deben gestionar personas es poder determinar hasta qué punto el resultado efectivo de sus quehaceres y obligaciones (entendiendo como efectivo, el cumplimiento de las metas y objetivos trazados) dependerá de sus reales capacidades y talentos puestos en el ejercicio de sus funciones o más bien, estará condicionado mayoritariamente por la motivación, compromiso e interés por su propio desempeño y el rol que le corresponde dentro de la organización.

Todos hemos escuchado más de alguna vez la fábula de quien le consultó a dos albañiles que se encontraban trabajando, qué es lo que estaban haciendo. Uno le respondió: -“pegando ladrillos”- mientras que el otro le dijo: -“construyendo una catedral”-. Claro, el sentido de misión, compromiso, mirada de largo plazo, etc. implícitos en la segunda respuesta, regularmente, se nos presenta como si ésta fuera una mirada, de algún modo, superior a la primera.

De eso se trata, nos dicen. Que los empleados en su organizaciones entiendan su quehacer, finalmente, como construir catedrales.

Pero ¿qué pasa si el albañil de la primera respuesta, resulta que pega 200 ladrillos al día, mientras que el constructor de catedrales, sólo 100?

La idea implícita que alguien, sólo por ejercer su trabajo con un grado mayor de motivación o interés, debería obtener mejores resultados que quien lo hace sin mayor compromiso es profundamente falaz y ciertamente facilita una visión del quehacer empresarial donde los empleados (a ojos del empleador) además de ser competentes, deben ser felices con lo que hacen.

Hace algún tiempo, en una red social donde se estaba abordando el tema de la importancia de la pasión al momento de contratar un profesional, pregunté: ¿A quién prefieren contratar, a alguien que es muy apasionado por su quehacer, pero relativamente poco competente o a alguien que ejerce sus labores carente de mayor pasión e incluso interés, pero que es tremendamente eficiente?

Como en toda red social, al poco andar de las respuestas se empezó a imponer lo políticamente correcto (en este caso, la idea de contratar a alguien con más pasión que eficiencia), por sobre respuestas más disruptivas que sostenían la otra opción.

Ese sesgo (el de lo políticamente correcto) que inunda las redes sociales (es comprensible, a nadie le gusta ser troleado por los paladines del buenismo) lamentablemente limitó la validez estadística del incipiente estudio, luego que obviamente, las respuestas eran públicas.

Independientemente de lo anterior, la pregunta persiste: ¿Cuánto influye la motivación para la realización eficiente de un trabajo, o el pensar positivo para el ejercicio exitoso, por ejemplo, de un emprendimiento?

¡Mucho! dirán no tan sólo los teóricos del buenismo o los amantes de las citas de auto-ayuda, sino también, prestigiosos profesionales con estudios formales que ratificarán sus afirmaciones.

Es verdad, no cabe duda que el resultado de toda acción humana, casi en cualquier ámbito, va a verse favorecido en la medida que quien la ejerce, lo hace con interés, agrado, compromiso, etc.

Pero la verdadera pregunta no es esa. Sino: ¿Cuánto podemos descansar ante la expectativa de alcanzar resultados positivos, sólo en el interés, pensamiento positivo, motivación o pasión puestos en nuestros quehaceres?

Los escritores de auto-ayuda viven de dar una sola respuesta: “Completamente”, ya que según ellos “todo está en ti” (entendido como: en tu esfuerzo y motivación), no existen otras variables como los talentos naturales que toda persona pueda tener, las capacidades que pueda llegar a desarrollar a través del tiempo mediante procesos formales o mediante la experiencia y además, de las condiciones objetivas del entorno donde va a desempeñarse.

Según las miles de citas motivacionales que inundan las redes sociales, incluyendo LinkedIn, que se supone profesional, sólo pensando positivamente, más esfuerzo, compromiso y pasión, el éxito está garantizado y resultará, además, merecido.

Pero claro, el pensamiento crítico, el análisis racional de variables, la preparación académica e intelectual, no caben en una foto con un atardecer de fondo y ojalá, con una gaviota volando.

Alejandro Godoy es Senior Partner de KHREA www.khrea.com

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